Hacer una reseña de la historia de la litotripsia en el Perú es necesariamente recordar y narrar cómo se desarrolló la endourología en nuestro país, recrear la evolución de esta subespecialidad tal y como se dio no solo en nuestra capital, sino también en forma paralela en las provincias. Empezaré por mencionar que la primera extracción percutánea de un cálculo renal en el Perú fue en el año 1987, en un esfuerzo conjunto entre los servicios de radiología y urología del Hospital Nacional Guillermo Almenara, del entonces denominado Instituto Peruano de la Seguridad Social (IPSS), extrayendo el cálculo con un cistoscopio introducido a través de un trayecto percutáneo creado por el Dr. Jesús Tan Kuong en coordinación conjunta con el jefe de urología, el Dr. Juan Guerra. Esta primera hazaña endourológica motivó que el Dr. Juan Villaverde Masaki viajara a Francia con el fin de capacitarse, y luego, en el año 1988, realizó la primera nefrolitotripsia percutánea con la novedosa técnica de Valdivia-Uría desarrollada en España y que comenzaba a popularizarse en Europa. Posteriormente, otros urólogos fueron realizando este procedimiento con algunas modificaciones, tanto en la práctica privada como en la pública, pero sin difundirse masivamente por requerir cierto equipamiento endoscópico y fluoroscópico, una curva de aprendizaje prolongada y por el temor, ciertamente injustificado, a la radiación ionizante.
En paralelo, en la década de 1990, el procedimiento de litotripsia extracorpórea por ondas de choque se popularizó en el país, y fue precisamente en el año 1990 que llegó al Perú el primer equipo de litotripsia extracorpórea comprado por el IPSS y asignado al Hospital de Carlos Seguín Escobedo de Arequipa, siendo este el primer y único establecimiento de salud público que brindó este servicio hasta el año 1991, cuando el Hospital Naval adquirió un equipo de similares características. Este procedimiento no invasivo también fue desarrollándose en la parte privada, inicialmente en las clínicas Ricardo Palma, San Pablo y posteriormente San Felipe.
Asimismo, a finales de los años 1990 comienzan a llegar al país los primeros ureteroscopios semirrígidos, que gracias a la energía electrohidráulica, neumática y ultrasónica brindan una solución endoscópica a los tan dolorosos cálculos ureterales distales, iniciándose así el camino para lo que hoy es la cirugía intrarrenal retrógrada con energía láser. La nefrolitotripsia percutánea no se queda atrás, y al popularizarse en todo el mundo los minitrayectos gracias al desarrollo de equipos de menor calibre y la energía láser, en 2016 se realiza por primera vez en el Perú una mininefrolitotripsia percutánea (Miniperc) en un paciente pediátrico del Hospital Almenara de Essalud.
Al día de hoy se realizan nefrolitotripsias percutáneas y cirugías intrarrenales retrógradas en casi todos los departamentos del país, gracias al esfuerzo denodado de las últimas juntas directivas de la Sociedad Peruana de Urología por desarrollar la educación médica continua con cursos hands-on en forma descentralizada.